sábado, 3 de abril de 2010

Un ratón blanco


Era su historia un gran queso lleno de enormes agujeros.
Cada día se ponía sus anteojos, y como sabio ratón, contaba y revisaba cada uno de ellos. Inventariaba una a una cada pérdida, cada dolor y cada pequeño fracaso (ya sabemos que ninguno es tan grande como el de no intentarlo).
La clasificación era lógica: amigos, amores, sueños, deseos; pero siempre se le enredaba algo material, un par de cds, dinero prestado o un cepillo de dientes preferido.
Los agujeros tienen distintos tamaños, distintas formas, pero todos cuentan, se decía.
Aquel día ella le pidió que se llevara todo para que no perdiera nada.
Y casi sin querer, le regaló con amor, otro hermoso agujero para contemplar.