viernes, 8 de agosto de 2008

Mirar atrás...

La música se interrumpe, se escuchan voces repartidas.
Andrés se para a mi lado y me dice:
-Girá la cabeza rápido. Mirá para atrás.-
Con la mejor voluntad intenta enseñarme un giro y espera que yo, mire para allá. A la pared donde está pintado ese horrible hombre verde junto a la pelirroja con frutas en la cabeza.

Mirar atrás, si fuera tan fácil lo haría.
Pero Andrés, sin darse cuenta, me pide que cometa el pecado bíblico de mirar a mis espaldas como lo hizo la mujer de Lot (sin nombre para recordarla). Y descubro porque ella se convirtió en estatua de sal al mirar la ciudad de la que huían.
El pasado es algo que paraliza si uno no puede dejar de mirarlo; con el tiempo nos reseca convirtiéndonos en sal, que luego un golpe de viento desparrama; y dejamos de ser nosotros mismos.
Somos sales del pasado que vuelan sin ser vistos, como los fantasmas.

La música sigue; yo lucho con mi cabeza, por dentro y por fuera. Mi compañero cambia su cara a medida que intenta llevarme, se está fastidiando de arrástrame en mi temor.
Me marca el giro, cierro los ojos y doy miles de vueltas teniendo como referencia su mano. Siento el alivio interno de saber que lo pude hacer. Cuando abro los ojos está la otra pared, la que no tiene nada dibujado aún.
No se quién será él, pero al menos, no es el hombre a mis espaldas.

1 comentarios:

Nini de Allá dijo...

"Somos sales del pasado" dice Macqu; comparto totalmente ya qye creo que provenimos todos de partículas caídas de estrellas ya desaparecidas que quizás, aún, brillan a distancias luz de nuestro planeta.
Mirar atrás, girar en el universo interior, atravesar el laberinto de la mente,iluminar rincones del pasado.
Mejor será avanzar y descubrir rumbos nuevos; no sé que nos espera pero "girar" hacia atrás es como tratar de encender una cerilla ya apagada por el viento.
Niní de Allá